Luis Gómez: “La verdadera escritura empieza con la reescritura”

El escritor Luis Gómez no deja de sorprendernos. En Tinta Púrpura siempre hemos querido hacerle una entrevista, y qué mejor ocasión que esta: habiendo ganado el concurso de relatos Terror en Voz Alta, llevado a cabo por De Viva Voz. ¿Queréis saber con qué nos ha sorprendido esta vez? Estad atentos, ya que sus palabras no os dejarán indiferentes. Además, ¡nos ha dejado un consejo para vosotros, escritores!

Luis Gómez recibiendo el primer premio de Terror en Voz Alta, de la mano de Carlos Tolmo y Raúl García

Sabemos que tu profesión no tiene nada que ver con la escritura y nos surge una duda: ¿cuándo, cómo y por qué empezaste a escribir?

Esto es una historia complicada. Empecé a escribir poesía con 14 años, pero lo dejé a los 20, después de ganar un premio literario en la universidad. En esa época la narrativa no me llamaba la atención. Además, estudiaba historia y me enfoqué hacia ella. Retomé la escritura hace 4 años con la narrativa, que me atraía mucho más.

El primer relato que escribí estaba bastante mal, porque técnicamente no me manejaba nada, y no se sostenía. El segundo relato fue el de Madre de Monstruos. Entonces, trabajaba con Elvira Navarro, una narradora formidable con la que perdí el miedo a reescribir y descubrí que esto era algo muy bueno. Después, hice Visiones, enmarcado en el transhumanismo.

¿Cuánto tiempo le dedicas a escribir?

Le dedico entre cinco y diez horas semanales dependiendo de la semana, en ratos libres que tengo por la tarde o por la noche. A pesar de que resulta complicado sacar ese tiempo, es preferible sentarte a escribir todos los días, aunque sea dos líneas. A veces un día solo cambias una coma de sitio, pero eso es mejor que no escribir nada, ya que pierdes el hilo y la escritura es una profesión que requiere trabajo y constancia.

¿Qué te aporta escribir para sacar ese tiempo todas las semanas?

Tengo una frase puesta en mis perfiles de Twitter y Facebook: el silencio de la literatura compensa el ruido del mundo.

Escribir me gusta, me divierte (aunque a veces se sufre) y me proporciona un cierto estado de felicidad, pero el silencio viene de fábrica. No hay otra manera de escribir que no sea el silencio: incluso si escribes en una cafetería, tienes que estar en silencio contigo mismo. A mí escribir me aporta silencio en contraste del ruido constante que me rodea. Me ayuda a conectar mucho conmigo. Siempre recomiendo el libro Historia del silencio, que demuestra que la literatura y el silencio van por la misma vía.

¿Qué te inspira para escribir?

La visión del arranque de una historia, de lo que no es habitual. Yo creo que puedes montar un relato o una novela a partir de una visión, una anécdota en la calle, de algo que se sale de lo habitual. A partir de ahí, dependiendo de lo que esa visión te pide, te sale un relato o una novela.

¿Cómo defines tu estilo de escritura?

No sabría decirte, porque no soy capaz de definir mi estilo. Llevo muy poco tiempo escribiendo. Lo que no me gusta a la hora de escribir es el texto sin diálogos, muy barroco y con muchísimas subordinadas. Me gusta un texto limpio, claro, muy puntuado, muy transparente para el lector y con un diálogo vivo. Sin embargo, hay autores que son todo lo contrario y yo los leo con un gusto enorme.

¿Cuál es la obra de la que te sientes más orgulloso?

El relato que sale en la antología de Rapsodia: “Desafíos de amor”. Covadonga me llamó para escribir un relato en tiempo récord, lo cual me pareció un reto increíble.

¿Consideras que el escritor nace o se hace?

El escritor se hace. Hay que estudiar, trabajar, aprender técnicas. Yo siempre comento que un virtuoso del piano se hace; aunque tenga una facilidad natural, tiene que estudiar muchos años. La escritura es igual. Ahora la gente aprende a escribir muy pronto y se olvida del proceso que ha tenido que pasar.

¿Entonces crees que la escritura está infravalorada?

En la parte del trabajo, sí. Mucha gente dice: “voy a escribir algo”. No obstante, hay una diferencia entre la escritura como oficio y la escritura como afición. La escritura es algo tan natural en una sociedad alfabetizada que se le ha perdido el respeto al aprendizaje de la escritura como profesión. Cualquiera no puede escribir si no lo trabaja duramente.

¿Tienes alguna anécdota destacable relacionada con tu dedicación a la escritura?

Te voy a contar una muy reciente que me produjo cierta impresión. Estaba haciendo un taller de relato y un día tuvimos que leer un relato breve que habíamos elaborado. Cuando lo leí, se hizo un silencio muy espeso, denso y físico en el grupo. Fue en ese momento en el que sentí que lo que había dicho tenía una repercusión emocional en la gente.

Me asustó un poco porque soy una persona, aunque no lo parezca, poco expansiva y muy fría emocionalmente. En ese momento no me produjo una emoción en cuanto a euforia, sino que simplemente fueron unos segundos donde tuve la sensación de que había pasado algo que estaba repercutiendo sobre mí: me estaba afectando y no sabía interpretarlo.

Y, hablando de anécdotas, ¿por qué decidiste apuntarte al concurso de Terror en Voz Alta?

Quería que Carlos Tolmo leyera mi relato en voz alta. Él leyó el relato ganador de Terror en Voz Alta el año pasado, pero el sitio era un poco espantoso: situado en un bajo de un bar de copas muy pequeño, con mucha gente, caluroso y oscuro. Yo fui incapaz de escuchar nada. Escuché el relato, pero realmente no lo estaba escuchando a él. Dos meses después, con la presentación de Rapsodia le oí narrar y quise que leyera algo mío. Además, la convocatoria me atraía muchísimo por la idea de hacer un relato que no iba a ser leído, sino escuchado.

¿Cómo fue el proceso de escribir ese relato?

Primero escribí una historia que no estaba adaptada al formato de Terror en Voz Alta y me la conté a mí mismo. Cuando la tuve, me puse a hablarme en voz alta para asegurar su sonoridad. Ahí trabajé mucho la parte técnica de las puntuaciones, los ritmos y la musicalidad del texto. Esto es muy importante a la hora de hablar, porque un texto hablado tiene unas respiraciones que no existen cuando es leído.

¿Te sorprendiste cuando dijeron tu nombre como ganador del concurso?

Sí. Estaba seguro de que el relato podía quedar finalista, sabía que tenía una buena historia entre las manos, pero tenía muchas dudas con respecto a que el jurado la valorase hasta el punto de ganar. Ya no es que tú lo hagas bien, es que el otro lo haga mejor. Sentí mucha euforia y alegría.

¿Con qué próximo proyecto vas a sorprendernos?

Aparte de relatos que vayan surgiendo, en función de convocatorias o propuestas, quiero adentrarme en una novela de ficción especulativa. El tema de la novela es: todo aquello que tenemos se puede perder, en materia de derechos sociales o todo lo que creemos que es normal. Tiene un enfoque distópico.

Para terminar, ¿qué consejo le darías a alguien que está empezando a escribir?

Tengo dos consejos: hay que perder el miedo a rescribir, la verdadera escritura empieza con la reescritura; la reescritura es cortar, borrar, tachar, prescindir de toda la morralla que envuelve el relato. Yo tengo una frase, que probablemente haya dicho mucha más gente y que ya he mencionado anteriormente: yo lo primero que hago es contarme la historia a mí mismo. Luego me pongo en clave de contar la historia a otro, porque yo lo entiendo todo, pero a lo mejor el lector ajeno no entiende nada. La escritura es compartida, se necesitan lectores que corrijan. Es fundamental no tener miedo a la crítica. Es ahí cuando aprendes, y no del halago y la vanidad.

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