Lunar landings

«Cuando era pequeño, dos bloques más arriba de mi casa vivía un niño que se llamaba Jaime. Bueno, quizá debería empezar de otra forma.

Cuando era pequeño, dos bloques más arriba de mi casa vivía una chica, tres o cuatro años mayor que yo. Tenía esa piel que parece de nácar de las pelirrojas, unos ojos grandes y expresivos y una pequeña cicatriz en la mejilla derecha en forma de media luna. Su pelo no era exactamente rojo, pero a veces lo parecía. En verano llevaba unos pantalones vaqueros con las perneras cortadas. Es lo que mejor recuerdo: yo jugaba con mis amigos y a veces contemplaba cómo se le marcaban los tendones de sus gemelos según se alejaba y perdía la noción del tiempo. Entonces sabía su nombre pero ya se me ha olvidado. Esta chica tenía un hermano pequeño que se llamaba Jaime. Ahora sí.»

No te pierdas el tercer relato de nuestra colección de narrativa para el móvil, de la mano de Ángel Ortega.

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