El futuro que nos montamos

«Puedo jurar, como que hay que cagar y mear por mucho que te aguantes, que esa estupidez de la mariposa que bate las alas al otro lado del mundo y provoca cambios en el extremo contrario es una mierda gigantesca, pero bien cierta.

A lo mejor os ofende mi lenguaje, tuve que apañármelas desde crío en el extrarradio de la inclemente megaurbe de Felicidad. Un nombre graciosísimo cuando te limitabas a trapichear y subsistir, y a esquivar la muerte en cada maldita esquina a pesar de ser miembro de un clan, si no pertenecías a los barrios ricos, o al ejército, eras mercenario o un esclavo oficial en una de las corporaciones que perforaban el Sistema Solar y más allá. Con todo, Felicidad, en la luna Titán, fue mi hogar en las colonias.»

No te pierdas el sexto relato de nuestra colección de narrativa para el móvil, de la mano de Juan A. Oliva.

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